Museo Itinerante de Arte Rupestre Panche

“Piedra que viaja, Panche que habla.”

El único museo del mundo que no tiene paredes ni cobra entrada: lleva a escala real los petroglifos panches (grabados hace más de 9.000 años) directamente a las comunidades, protege los sitios originales en fincas privadas y revive la voz de un pueblo exterminado sin que nadie pise ni destruya la piedra original.

Es el primer y único museo itinerante de arte rupestre de Latinoamérica que viaja en papel kraft y carbón, convirtiendo cada exposición en un acto de memoria viva, diplomacia ancestral y conservación radical.

Descripción General

La voz de un pueblo que nunca se fue, solo se hizo piedra.

Fundado en 2017 por el arquitecto Ricardo Palacios y Janet Consuelo Bermúdez Niño en Guayabal de Síquima (Cundinamarca), el Museo Itinerante del Arte Rupestre Panche es el primer museo del mundo dedicado exclusivamente al arte rupestre que no tiene sede fija, no cobra entrada y viaja únicamente con calcos a escala real realizados sobre papel kraft y carbón.

Desde julio de 2016, tras caminar los antiguos caminos reales junto al escultor Claudio González y al vaquiano Efraín Triana, Palacios y Bermúdez han registrado más de 70 sitios de petroglifos panches en los municipios de Guayabal de Síquima, Albán, Guaduas, Tena, Cachipay y San Juan de Río Seco. Cada calco reproduce con exactitud los grabados ancestrales: ranas, geckos, figuras de fertilidad,, partos, espirales, mapas estelares y símbolos geométricos que los panches tallaron hace más de mil años.

Porque los sitios originales están en fincas privadas y el turismo masivo los destruiría, el museo decidió protegerlos llevando la piedra al pueblo en lugar del pueblo a la piedra. Así, los petroglifos viajan protegidos, sin ser tocados ni comercializados.

A la fecha lleva 14 exposiciones realizadas en Zipaquirá, Academia de Historia de Cundinamarca, Lima, Albán, Cachipay, Guaduas y cuatro veces en Guayabal de Síquima. Cada muestra incluye charlas sobre la cosmogonía panche, el comercio de sal-oro-algodón, las toponimias en -aima y -i, y el exterminio documentado entre 1595 y 1721.

No es un museo de objetos: es un museo de memoria activa que demuestra que un pueblo declarado desaparecido sigue hablando cuando alguien se atreve a escucharlo en su propio idioma de piedra.

Posiblemente el primer y único museo itinerante de arte rupestre en Latinoamérica y el mundo que existe para que la piedra no tenga que moverse nunca más.

Costos

El Museo Itinerante del Arte Rupestre Panche no cobra entrada a los visitantes: su misión es que la memoria panche llegue gratuita a quien quiera escucharla. Sin embargo, cada despliegue requiere transporte, montaje, seguros de los calcos, impresión de material didáctico y honorarios básicos del equipo. Estos costos son asumidos íntegramente por la entidad anfitriona —alcaldías, casas de cultura, universidades, resguardos, colegios o empresas— mediante convenios de cooperación cultural. Quien invita paga lo justo; quien recibe, hereda el legado sin pagar un peso. Así, la piedra viaja digna, el presupuesto no frena la memoria y cada exposición se convierte en alianza real entre territorio y patrimonio.

Historia

En julio de dos mil dieciséis el arquitecto Ricardo Palacios llega a Guayabal de Síquima, a sesenta y nueve kilómetros de Bogotá. Ahí conoce a Claudio González, escultor de la Nacional, y a Efraín Triana, quien sabía cada tronco caído en los caminos reales.

Con ellos empieza: caminatas, frotages sobre piedra, calcos que salen negros y blancos como recuerdos. Diciembre trae a Janet Consuelo Bermúdez Niño; juntos encuentran doce trazados ancestrales, nueve con petroglifos.

En dos mil diecisiete la UNAD los nombra caminos reales y arte rupestre; deciden llevarlo adentro.

Empiezan calcos en Albán, Guaduas, Tena, Cachipay. Roberto Velandia les cuenta: los panches bajaron por el Magdalena en contra del agua, caribes que cambiaban sal por oro, algodón por teñidos.

Mil cuatrocientos noventa y uno: pueblo lleno de Panches. Mil quinientos noventa y cinco: 496 Panches vivos, cinco cristianos. Mil setecientas veintiuno: silencio. Quedan las piedras: zoomorfos, antropomorfos, astromorfos. Dos mil diecisiete: nace el Museo Itinerante del Arte Rupestre Panche: Zipaquirá, Academia de Historia, Lima, Albán, San Juan de Río Seco, Cachipay, Guaduas, cuatro veces en Guayabal.

Calcos reales, no fotos. Nadie pisa las fincas privadas. Nadie rompe lo que no toca. Y según todo lo que hemos visto, podría ser el primer museo itinerante de arte rupestre en Latinoamérica y quizá en el mundo.

Porque nadie más lo hizo así: sobre kraft, con carbón, para que el panche siga hablando sin que lo vendan ni lo destruyan.

Ubicación y Contacto

Numero de Teléfono: +57 312 560 2082

ripalavi621@gmail.com

Cra 5 No 3 – 41, Centro – Guayabal de Síquima

Reseñas

“Pensé que iba a ver fotos borrosas y carteles. Lo que vi fue una mujer pariendo en papel kraft de dos metros, a escala real, con la misma fuerza que tuvo hace mas de 9.000 años. Ricardo Palacios habló 20 minutos y el salón se quedó mudo. Salimos sabiendo que los panches no desaparecieron: los borraron. La exposición no es un museo, es un acto de justicia.”
María Alejandra Ruiz
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“Yo paso todos los días por la piedra del parto y nunca la había visto de verdad. Cuando trajeron el calco a la Casa de la Cultura, mi nieta de 8 años lo tocó y dijo: ‘Abuelo, aquí nació alguien’. Por primera vez sentí que esa piedra era mía, no del dueño de la finca. Gracias por traerla sin que yo tenga que pedir permiso para entrar.”

“En 15 años de congresos nunca había visto un museo que llegue en una camioneta y monte 14 piezas originales en dos horas. Los calcos son tan precisos que se ven las marcas de los golpes de hace mil años. Es el único proyecto que protege el sitio al 100 % mientras lo hace visible al 100 %. Ojalá cada país tuviera su Museo Itinerante Así.”